
Hubiera parecido irreal; pero la realidad se impuso una vez más y trajo a flote unos recuerdos de infancia que se habían disuelto en medio de un inmenso mar de memorias. Y es que los coches de caballo habían formado parte de la diversión de los tiempos de infancia y con una que otra anécdota en la temprana juventud pero nunca habían tenido una presencia masiva en la vida cotidiana ni en la abrumadora presciencia que nos regalaban los días en la calles del pueblo de Mayarí Arriba. A diferencia de los tiempos pasados en Mariel cuando en mi niñez esperábamos con ansias la llegada de un carretón de caballo que recorría todos los barrios de la zona urbana recogiendo a los niños para, por solo 1 peso, regalarnos un recorrido en lo que para nosotros, en nuestra imaginación de infantes, creíamos una suntuosa carroza tirada por un noble corcel.
It might have seemed a dream, yet reality surfaced once more, carrying with it fragments of childhood dissolved in a vast ocean of memory. Horse-drawn carriages had been companions of laughter and fleeting tales of youth, though never a constant presence in the pulse of daily life nor in the overwhelming foresight of Mayarí Arriba’s streets. How different from Mariel, where as children we awaited with shining eyes the cart that roamed the neighborhoods, gathering us for a single peso into what our young hearts imagined as a splendid carriage led by a noble steed.

Esas historias se fueron disolviendo con el tiempo y la ausencia posterior de lo que se había convertido en tradición. Años pasaron para volver a tener historias que contar sobre un coche de caballo, un recorrido de barrio y mi hermano que con solo 3 años lo habían montado solo con la supervisión de una niña unos pocos meses mayor que él. La persecución fue implacable hasta que al fin fue localizado el coche y ver que todo estaba en orden.
Those tales faded with the passing years, vanishing alongside the absence of what once felt like tradition. Only after time had flowed did new stories emerge—of a horse-drawn carriage, a neighborhood journey, and my little brother, barely three, riding under the watchful eye of a girl scarcely older. The search was unyielding, until at last the carriage was found, and peace returned with the certainty that all was well.

También, ahora, me viene a la cabeza las caravanas infinitas de los arañeros (un tipo especifico de coche de caballo muy popular en el occidente de la isla) que cada 16 de diciembre se congregaba en las afueras de los pueblos para seguir camino hasta el Santuario de San Lázaro en el Rincón de Santiago de la Vegas al sur de la capital cubana para rendirle culto y pagar las promesas que cada años realizaban. Todo se convertía en un espectáculo, las líneas inmensas de carretones de caballos con las llamas encendidas a sus espaldas para indicar en la oscuridad de la noche su avance, su presencia.
And now, memory brings back the endless caravans of “arañeros”—those horse-drawn carriages beloved in the island’s west—that each December 16 gathered at the town’s edge, journeying toward the Sanctuary of San Lázaro in Rincón de Santiago de las Vegas, south of Havana, to honor him and fulfill yearly vows. It was a spectacle: vast lines of carts, flames flickering at their backs, marking their progress and presence through the night’s darkness.

Pero al llegar a Mayarí todo tomó otra connotación. El coche de caballo era una figura presente y activa en la vida cotidiana del pueblo: formaba parte del transporte local, lo que no se movía en motocicleta en el valle se movía a caballo, mulo o burro; pero el coche, la volanta, la araña, la carreta y el carretón reinaban en las calles sin discusión alguna. La variedad era tan amplia como la imaginación del dueño y sus posibilidades de decoración, así encontrabas en la calle lo mismo un "Ferrari" como otras con un mensaje que iban de lo celestial a lo vulgar La verdad era que la variedad llegaba a sombrar al visitante.
Yet in Mayarí, the meaning shifted. The horse-drawn carriage was no longer a relic but a living presence, woven into the rhythm of daily life. What did not speed through the valley on a motorcycle moved instead by horse, mule, or donkey; and so the carriage, the volanta, the araña, the cart, and the wagon ruled the streets without dispute. Their forms were as diverse as the imagination of their owners—some adorned like “Ferraris,” others bearing inscriptions that soared to the heavens or descended into the vulgar. For the visitor, the sheer variety was nothing short of astonishing.

Más de una vez atravesé el pueblo montado en uno de ellos, más de una vez adelanté el camino gracias a sus servicios. Recuerdo las veces que tuve que visitar Tumba 7 o Mícara, las veces que tuve que visitar el hotel con las quinceañeras vestidas de galas para hacerse sus fotos trepadas en uno de esos carruajes, las veces que se tuvo que mover cualquier mercancía, material, mudanza. La multi-ultilidad era abrumadora.
More than once I rode through town in one of those carriages, more than once they carried me forward along the road. I recall journeys to Tumba 7 or Mícara, the hotel visits where quinceañeras in their gowns posed atop the carriages, and the countless times goods, materials, or household moves were borne upon them. Their versatility was astonishing, a testament to their enduring place in daily life.

La verdad es que cada día en Mayarí venía inundado de coches de caballo en sus calles, adornaban el paisaje urbano y a la vez le daban un toque de ruralidad al pueblo. Sentarse a contemplar su tráfico se hizo algo común, salir a capturarlos se convirtió en una tarea obligada, sobre todo en esas horas picos del día (en la mañana) cuando la población se dirigía a diferentes destinos del poblado y pululaban en las calles yendo de un lado para otro. Ahí el repicar de los cascos de caballo contra el asfalto, el sonido de los hierros de las ruedas y de todo lo que arrastraba el caballo formaban parte de esa hora del día. Después todo mermaba, la gente abandonaba la calle abrasadora por al sombra segura del trabajo y la casa y la actividad se iba diluyendo.
Each day in Mayarí unfolded beneath the rhythm of horse-drawn carriages. They adorned the town’s streets, weaving rural essence into the urban scene. To sit and watch their passing became a ritual; to chase them with a camera, an obligation—especially in the morning rush, when the town’s people filled the streets and the carriages moved endlessly to and fro. The clatter of hooves on asphalt, the groan of iron wheels, and the weight of all they carried composed the symphony of that hour. Later, silence returned, as the heat drove people indoors, and the bustle dissolved into shade and rest.

Eso era lo que acontecía y lo que hizo despertar memorias de antaño. Ahora solo quedaba compartir con ustedes las imágenes que iba recogiendo en los últimos años de mi estancia en Mayarí y seguir conformando con estas la memoria fotográfica de ese maravilloso pueblo de montaña donde el coche de caballo es protagonista de la vida en las calles.
Such was the scene, stirring memories of times long past. What remained was to share with you the images I had collected during my years in Mayarí, weaving them into the living memory of that mountain town where horse-drawn carriages reign as the true protagonists of its streets.
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Detalles Técnicos
Cámara:Canon EOS 80D / Canon EOS 600D
Lente: Sigma Art 18-35mm f/1.8 DC , Helio-44-2 58mm f/2, Canon EF 50mm f/1.4 USM
Trípode: K&F Concept K254C2
Texto traducido por Copilot / Translated by Copilot.
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Thank you so much!!!!!
Hola. Las hitorias de coches, carretas, carretones y volantas son muchas en la isla. Soy de cienfuegos y recuerdo los pequeños coches llevados por burros o chivos que por un peso daban la vuelta a la manzana. Luego en los 90 los coches fueron convirtiendose en el transporte natural aunque no monte muchos porque preferia caminar o montar bicicletas. Era muy joven y nunca me agotaba. Ahora regresan esos tiempo pero con la diferencia de los precios y muchas otras cosas lamentables. Pero estoy muy agradecido por que me has hecho regresar a mi infancia. Muchas gracias.
Así es amigo. La isla de Cuba está llena de historias de coches, carretas, carretones y volantas. Cada territorio lo populariza y lo interpreta de una forma diferente e interesante. Ahora recuerdo la vez que subí al Turquino como uno de ellos me trasladó por un buen tramo de la carretera de Guamá para poder acceder a la subida y así miles de historias más. Me agrada saber que mis fotos y articulo despertaron en ti recuerdos - memorias. Siempre es un placer compartir con ustedes.
Por cierto la ultoma foto es espectacular amigo.
Muchas gracias.