Along the N122 highway—a route that acts as an imaginary transit point connecting Soria and Tarazona, and which, for long stretches, follows the ancient medieval paths once trodden by pilgrims on the Camino Aragonés—the traveler seeking adventure and the chance to discover little-known (or entirely unknown) Romanesque heritage will find something truly captivating in the small village of Tozalmoro.
Like many other villages in this region—a gateway to the Tierras Altas (Highlands) of Soria, a place that feels almost wild and remains a genuine cultural enigma—Tozalmoro suffers from the effects of a silent yet devastating specter: depopulation. In fact, recent censuses show a population of barely a dozen people—a striking detail, given that the village’s ancient church suggests it was once a settlement of some significance, home to a substantial community during the Middle Ages.
Dating back approximately to the 12th century, the Romanesque church of San Juan Bautista remains a true enigma for many historians and researchers. Among the various theories surrounding its origins, some suggest it may have belonged to one of the two most powerful and rival orders of the Middle Ages: The Knights Hospitaller or the Knights Templar. Regardless of whether it belonged to one order or another at some point in its history—a detail of little real significance, given that both orders shared the duty of caring for and protecting pilgrims—the fact remains that the intriguing figures depicted in its stonework, the symbolism found on funerary steles in the vicinity, and the curious mason’s marks etched into its ancient ashlar blocks have all fueled a multitude of—likely subjective—theories. These theories point to a possible esoteric dimension among the stonemasons, who certainly never left any detail to chance. As has often been suggested, they may have also employed the so-called "language of the birds"—a system of double meanings—to veil messages that were not always entirely orthodox.
En esa imaginaria estación de tránsito que es la carretera general N122 que conecta Soria con Tarazona, aprovechando, en muchos de sus extensos tramos los antiguos senderos medievales que utilizaban los peregrinos que tomaban el denominado Camino Aragonés, teniendo como referencia la visión de uno de los montes más sagrados de España, el Moncayo, el viajero que apuesta por la aventura y también por la posibilidad de contemplar un patrimonio románico poco o nada conocido, tiene, en un pequeño pueblo llamado Tozalmoro, la posibilidad de entusiasmarse.
Tozalmoro, como muchos otros pueblos de esta zona -desde la cual, además, la aventura puede tomar visos de salvaje relevancia, pues es también territorio de acceso a ese auténtico enigma cultural que son también las denominadas Tierras Altas sorianas- sufre también los efectos de ese fantasma, silencioso, pero terriblemente devastador que es la despoblación. Hasta el punto de que, en los últimos censos realizados, apenas supera la decena de habitantes, detalle bastante curioso, si tenemos en cuenta, a juzgar por los detalles de su ancestral iglesia, que, en tiempos medievales, debió de ser una villa, sino de las más populares, sí al menos con una interesante vecindad.
Datada, aproximadamente, en el siglo XII, la iglesia románica de San Juan Bautista constituye todavía, para muchos historiadores e investigadores un verdadero enigma. Un enigma, entre los que no faltan las sugerencias de pertenencia a cualquiera de las dos órdenes más poderosas y rivales de la Edad Media, como fueron la de los Hospitalarios y la del Temple. Independientemente de que en algún momento de su historia perteneciera a unos o a otros -detalle que no tendría especial relevancia, pues entre las funciones de ambas órdenes estaba la de atender y proteger a los peregrinos- lo cierto, es que los curiosos personajes representados en su escultura, así como la simbología de las estelas funerarias halladas en sus inmediaciones y el añadido de las curiosas marcas de cantería que se localizan en sus milenarios sillares, han sido el foco de atención a multitud de teorías, posiblemente subjetivas, relacionadas con el posible esoterismo de unos canteros, que, desde luego, no dejaban nunca detalle al azar y que, como en muchas ocasiones se ha dicho, se valían también de ese ‘lenguaje de los pájaros’, es decir, de las dobles interpretaciones, para velar mensajes no siempre ortodoxos.
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