
A short distance from Fuentes de Magaña and its lingering echoes of those imposing inhabitants of the Cretaceous period, a world lost millions of years ago, the small village of Cerbón, located a few kilometers to the east, allows us to reconnect with a history that, although relatively recent, is no less difficult to understand, as it belongs to the medieval era, which still holds many secrets and mysteries to be uncovered.

Cerbón, which currently has barely thirty inhabitants, maintains the picturesque charm typical of its rural architecture, where the exceptional combination of stone and wood always seemed to prioritize effectiveness, at the expense of other factors, such as those aimed at seducing through design—a detail that, nevertheless, did not neglect something as fundamental as comfort.

But the most remarkable element of this mountain village, that which makes it special and, in modern terms, could be considered its trademark, is none other than its rustic 12th-century Romanesque church, dedicated to Saint Peter. It boasts a detail that makes it unique, at least in the Soria region: it has two apses. It is said that these once marked the intersection of a barrier within the main nave, separating two religious communities, one male and one female—something truly unusual for the time. This circumstance, combined with the sense of the weight of centuries that visitors feel when contemplating its archaic architecture and the tiny, clumsily carved heads, makes it decidedly special.

A escasa distancia de Fuentes de Magaña y sus ecos residuales de aquellos imponentes habitantes del Cretácio, ese mundo perdido hace millones de años, el pueblecito de Cerbón, situado algunos kilómetros hacia el este, nos hace reencontrarnos con una Historia, que, aunque relativamente cercana, no por ello ha de resultarnos más fácil de entender, pues pertenece a una época, la medieval, que tiene todavía muchos secretos y misterios por descubrir.

Cerbón, que en la actualidad apenas cuenta con una treintena escasa de vecinos, mantiene el pintoresquismo típico de esa arquitectura rural, donde el excepcional maridaje de la piedra y de la madera parecía tender siempre a la efectividad, en detrimento a otros factores, como aquellos encaminados a seducir con el diseño, detalle, que, no obstante, no dejaba en el olvido algo tan fundamental como el confort.

Pero el elemento más notable de este pueblo serrano, aquello que lo hace especial y en términos modernos podría considerarse como su marca personal, no es otra cosa que su tosca iglesia románica del siglo XII, dedicada a la figura de San Pedro, que cuenta con un detalle que la hace única, al menos en la Comunidad de Soria: dispone de dos ábsides, de los cuales, se comenta que en tiempos marcaban la intersección de una barrera, dentro de la nave principal, que separaba a dos comunidades religiosas, masculina y femenina, algo verdaderamente inusual en la época, circunstancia, que, unida a la sensación del peso de los siglos que siente el visitante al contemplar su arcaica arquitectura y a las diminutas cabezas, torpemente labradas, hacen de ella algo decididamente especial.

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